El jardín logró instalar la duda en la mente de
Orlok. Si lo prendía fuego, las llamas de seguro lo alcanzarían.
Orlok se vio envuelto en llamas y a los gritos; se vio rendido en el suelo sufriendo las últimas
convulsiones. El miedo se apoderó de
Orlok. Él no quería morir de esa manera. Por otra parte, también pensaba que si por fortuna, lograra sobrevivir al incendio, sin el jardín no tendría nada para comer. ¿Qué haría entonces?. Y una vez más, la duda se transformó en miedo.
Orlok quedó paralizado.