
El jardín de Orlok tenía una apariencia selvática. Orlok aceptó que ya no se le requería y se entregó a la vagancia. Pasaba las tardes recostado en su jardín bebiendo el néctar agrio de las flores negras con pintitas. Con el pasar de los meses, desarrollo una panza fofa por debajo del ombligo. Orlok no hacía nada, dejó que su jardín se encargara de todo.